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ARTÍCULO: El papel del trabajador social y el profesional sanitario ante el duelo y la muerte

Firma: Fedra Salvador Fernández

Comenzó el frío, y es la época en que nuestras consultas y despachos se llenan de personas mayores afectadas más aún por sus enfermedades crónicas, agravadas por la edad, y unidas a resfriados que terminan complicándose de un día para otro, o personas que de pronto en su revisión detectamos que algo no va bien y nos sorprendemos con diagnósticos duros difíciles de transmitir. En estos momentos, el profesional sanitario debe hacer uso de su saber estar y su profesionalidad y transmitir noticias que cambiarán la vida para siempre de muchas personas. A veces incluso son personas allegadas de nuestra familia o entorno.

Es en este instante cuando nos preguntamos ¿Cómo dar esta noticia sin parecer insensible, que noten que de verdad lo lamentamos, pero que estaremos para acompañarlos en este proceso? A los trabajadores sociales nos ocurre lo mismo y más aún si nuestra labor se desarrolla en un centro de salud o en un hospital, ¿cómo no ser el malo de la película?

Todo el mundo asume que el nacimiento forma parte de nuestra existencia, nacer es hermoso, una alegría, un motivo de unión familiar y apoyo, una celebración. Pero, el fallecimiento o la larga enfermedad, ¿quién nos prepara como personas para ello? Somos profesionales, pero también somos seres humanos que sentimos tanto a nivel personal como profesional, que vamos a estar en contacto contínuo con situaciones dolorosas que queramos o no, nos van a afectar, y las cuales vamos a tener que saber gestionar para que no nos afecten en exceso.

Por eso vamos a aprovechar este espacio para ver cómo el trabajo conjunto entre el profesional sanitario y el trabajador social puede ayudar a las personas a pasar por este proceso de una manera más sana y mejor gestionada.

Como Trabajadores Sociales en el ámbito sanitario y/o expertos en el tratamiento del dolor y la muerte, vamos a formar parte de un equipo multidisciplinar compuesto en su mayor parte por personal sanitario. Mientras su labor profesional va a estar más enfocada a aliviar el dolor físico, prolongar la vida, controlar los riesgos; la nuestra debe estar dirigida a ayudar al enfermo y a su familia a enfrentar dignamente la muerte y el duelo, y a apoyarlos en sus decisiones, lo que implica enfrentar no sólo problemas profesionales, sino también emocionales.

Como equipo, podemos ayudar a las familias en casos de pacientes terminales utilizando un esquema traído de la técnica del Counseling, donde nos indica los siguientes pasos a seguir:

MANEJO DE PACIENTES EN SITUACIÓN TERMINAL

  • OBJETIVOS:

1.- Cuidar.

2.- Proporcionar confort y bienestar:

  1. a) Lograr un control de los síntomas.
  2. b) Satisfacer necesidades:

– Físicas.

– Emocionales.

– Sociales.

– Espirituales.

  • FORMAS DE LOGRARLO:
  • 1.- Acompañando al paciente (proximidad, contacto físico, contacto visual, etc)
  • 2.- Permitiendo la expresión de las emociones y respetando silencios, llantos, etc.
  • 3.- Empatizando con sus preocupaciones y sus miedos.
  • 4.- Preguntando por sus necesidades físicas, emocionales, sociales y espirituales.
  • 5.- Satisfaciendo dichas necesidades (directamente y/o derivando).
  • 6.- Atendiendo a la familia (importante para evitar la claudicación familiar)

– Facilitando aprendizajes para el manejo de sus propias emociones.

– Informando sobre los recursos existentes (sanitarios, sociales,…)

– Informando sobre la actuación que pueden realizar con el paciente (cuidar, dar soporte emocional, comunicarse, etc.)

Uno de los elementos que más puede ayudar a la familia a elaborar el duelo es hacerlos sentir verdaderamente útiles durante el desarrollo de la enfermedad y en los momentos que rodean (antes, durante y después) la muerte.

En cuanto a los profesionales, en el propio trato con los pacientes en situación terminal surgen muchas veces sentimientos intensos de impotencia, rabia, inutilidad y angustia. Es vital en estos casos utilizar a fondo habilidades de autocontrol y comunicación.

 

Hemos de recordar que el duelo es: “El proceso normal y a la vez contradictorio al que nos enfrentamos tras una pérdida, o por el temor a la misma. Algo personal e intransferible, que cada cual vive, sufre y experimenta a su manera, que se puede producir a cualquier edad, que va a afectar a la persona en su totalidad, mentalmente, físicamente, socialmente, o culturalmente; y que va a requerir la adaptación, en mayor o menor medida, a una nueva circunstancia sobrevenida”.

 

Es cierto, es un proceso, hay que pasarlo y cada uno marca su ritmo, un proceso como es la evolución de la infancia a la adolescencia o la vida adulta, nadie puede pasarlo por tí, y a veces el duelo comienza antes de la muerte, con la comunicación del desenlace de una larga enfermedad, o corto pero que no se puede evitar, y requiere una adaptación acompañada. El duelo, duele, es lo normal, pero no por ello debemos evitarlo, y no afecta a todos por igual. Puede verse como una experiencia que ayuda a madurar a la persona, sea cual sea su edad, nos ofrece la posibilidad de un nuevo aprendizaje, pero a la vez es un riesgo ya que un duelo mal gestionado, incompleto o mal elaborado, trae como consecuencia que la persona al cabo del tiempo precise tratamiento psicológico.

El duelo NO es una enfermedad, aunque a veces trae consigo unos síntomas asociados como ahogo, dificultades respiratorias, opresión en el pecho,ansiedad, dificultades para dormir…. y debemos tratarlas desde la medicina. Nos encontraremos además con personas que saben la teoría, es decir, la mayoría conocen o han oído hablar de las distintas fases o momentos por los que se pasa en el proceso del duelo:

 

Negación →Protesta→Tristeza→Aceptación→Búsqueda de significado→Elaboración de la pérdida.

 

Los momentos del duelo definen todas las fases o estados que el doliente atraviesa desde el

momento en que recibe la noticia de la pérdida hasta que cualquier pensamiento de la pérdida

en sí deja de producirle dolor.

Para ayudar a cualquier persona que esté atravesando un duelo, debemos explicarle o ayudarle a realizar 4 tareas[1]:

  1. Asumir la realidad de la pérdida. (Momentos 1 y 2) Es necesario pedirle al

doliente, con delicadeza, que nos cuente cómo murió su ser querido. ¿Qué pasó?, ¿Cómo se

produjo la muerte?, ¿Cómo vivió el doliente cada momento?… son preguntas a través de las cuales vamos a posicionar al doliente en la realidad de lo ocurrido, para que poco a poco pueda ir asimilando lo que ha pasado y descartando la fantasía de que el ser querido aún vive.

  1. Elaborar las emociones relacionadas con el duelo. (Momento 3) La ayuda para elaborar esta tarea comienza con la observación, cómo expresa las emociones el doliente, cómo las afronta, si las identifica o no,…en resumen cómo el doliente está gestionando sus emociones. A partir de la observación, son importantes dos cosas, la primera de ellas legitimar, con nuestra escucha, lo que está sintiendo el doliente. La segunda, ayudar al doliente a identificar sus emociones, si no es capaz de ello, ayudarlo a ponerles un nombre y a expresarlas.

¿Cuáles pueden ser estas emociones?

Deseo de morir: puede estar relacionado con la necesidad de reencontrarse con el fallecido. Es importante tenerlo en cuenta ante posibles ideas suicidas.

→Ansiedad: Se relaciona con el miedo a lo desconocido, a tener que vivir una vida en la que el fallecido ya no está presente y a nuestra capacidad para lograrlo. También puede deberse a que cuando muere alguien cercano tomamos conciencia de nuestra propia muerte.

→Culpa: puede ser irreal o real. En el caso de ser irreal se difuminará con el tiempo y el diálogo. En el caso de ser real porque tenga un fundamento de responsabilidad podemos ayudarnos de técnicas como la de la silla vacía para enfrentarla.

→Enfado: puede ir dirigido contra el fallecido ¿por qué me has dejado sólo?, o puede expresar la rebeldía por la sensación de injusticia que provoca la muerte.

Sensación de vacío: es una sensación física e implica la certeza de la pérdida.

Tristeza, pena, llanto: favorecen la asimilación de la pérdida y todo el proceso emocional. A menudo ocurre que transcurrido un tiempo tras el fallecimiento el doliente se encuentre peor que al principio, ésta es una señal de avance ya que la tristeza indica que el doliente se ha dado cuenta de lo que realmente ha perdido.

→Dolor: no sólo es a nivel emocional, sino también a nivel físico.

  1. Aprender a vivir en un mundo en el que el fallecido ya no está presente. (Momento 4) Es necesario llevar a cabo una identificación de los aspectos de los que el doliente tendrá que encargarse, bien en el momento, bien en un futuro, y de los cambios de roles y actividades que trae consigo el fallecimiento. Ojo, porque mientras algunos roles son evidentes otros no lo son tanto, bien porque no se dan de manera habitual o bien porque otros familiares asumen la carga. Algunos pueden ser la administración económica del hogar, la gestión de los seguros, las matriculaciones de los niños, la presentación de las declaraciones de la renta… Al realizarse muchas personas no son conscientes de ello hasta que no se presenta de forma inminente, es por ello conveniente tenerlo en cuenta. Los trabajadores y TRabajadoras Sociales debemos ayudar al doliente a incorporar nuevos roles o tareas en su vida. Podemos analizar y planificar las gestiones a realizar con ellos, ordenándolas desde las tareas más sencillas a las más complejas. Hasta que la persona vaya ganando en confianza.

Entre todos los profesionales, debemos reforzar la imagen que tienen de ellos mismos y su autoestima, lograr un empoderamiento que los saque del bloqueo en el que puedan encontrarse, porque por necesidad van a tener que realizar funciones que antes no le competían: cocinar, hacerse cargo de los hijos pequeños, hacerse cargo de las reparaciones del hogar, pagar recibos,… Aunque al principio es normal sentir sensación de fracaso, con el paso del tiempo y la consecución de pequeños objetivos, los dolientes van alcanzando una sensación de control.

  1. Reconocer emocionalmente al fallecido y seguir viviendo. (Momentos 5 y 6) Nuestra ayuda como profesionales debe ir encaminada a que el doliente elija si quiere continuar con el duelo o reencontrarse con la vida. Para trabajar los posibles bloqueos y elaborar esta tarea, los trabajadores sociales podemos hacer uso de las unas herramientas concretas que ayudan a avanzar en el proceso (Ej: Carta que no se envía, Ej: Medir el duelo) Pero todos los profesionales Sanitarios y del Trabajo Social podemos ayudarles a responder unas preguntas útiles: ¿Quién soy ahora?, ¿Cuáles son mis fortalezas?, ¿Cuál es mi visión del mundo?. Hacerse estas preguntas ayuda al doliente a reflexionar y a reconstruir su sistema de valores y por tanto marcar un nuevo eje en su vida.

 

Cabe recordad que desde el Servicio de Asesoría Social del ICOMAST podemos ayudar a los profesionales que personalmente pasen por una etapa de duelo o se deban enfrentar a las tediosas gestiones que deben resolverse tanto durante como después del fallecimiento. Os animo a profundizar en este tema para poder seguir ayudando a las personas que nos rodean.

 

Para este tema y otras cuestiones, nos vemos todos los miércoles en el despacho de Asesoría Social. Como regalo, mi objetivo para este nuevo año será intentar dejar este mundo mejor de como lo encontramos, y para ello nos necesitamos. Siempre adelante…

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[1] Worden, J.W. El tratamiento del duelo: asesoramiento psicológico y terapia. Barcelona.

Paidós.2004.

AUTHOR: comast
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